Lo que el Buda enseñó
Suele preguntarse a menudo: ¿es el budismo una religión o una filosofía? El nombre que le den carece de toda importancia, pues cualquiera sea el rótulo que le pongan, éste no modifica al “budismo”; continua siendo lo que es . Aun el rotulo budismo que le ponemos a la enseñanza del Buddha, tiene muy poca importancia. El nombre que le damos a las cosas no es esencial.
¿Qué es un nombre? Eso que llamamos una rosa, con otro nombre exhalaría el mismo perfume.
Así, tampoco la verdad necesita rótulo, pues no es ni budista , ni cristiana, ni hindú, ni musulmana. No esta bajo el monopolio de nadie. Los rótulos sectarios constituyen un impedimento de la aprehensión de la Verdad, y engendran dañosos prejuicios en la mente de los hombres.
Esto no es solamente cierto respeto de los asuntos de carácter intelectual y espiritual, pero aun en lo que atañe a las relaciones humanas. Por ejemplo, cuando nos encontramos con un hombre no lo consideramos simplemente como francés, alemán, norteamericano o judío, y lo juzgamos conforme a los prejuicios asociados con el rotulo que le pusimos, es decir, con nuestro rotulo mental; sin embargo quizás dicha persona este totalmente exenta de tales atributos.
Tan grande es la afición que tiene la gente por los rótulos discriminativos, que suele ponerlo a las cualidades y sentimientos comunes a todos. De ahí que se hable de distintas “clases” de caridad, por ejemplo, Caridad budista o caridad cristiana y se desprecien las otras “clases” de caridad. Pero la caridad no puede ser sectaria; no es ni cristiana, ni budista, ni hindú, ni musulmana. El amor de una madre hacia su hijo no es ni budista, ni cristiano, sino amor materno.
Cualidades y emociones humanas tales como el amor, la caridad, la compasión, la tolerancia, la paciencia, la amistad, el deseo, el odio, la mala voluntad, la ignorancia, el orgullo, etc. No necesitan rótulos sectarios, no pertenecen a una religión en particular.
Al buscador de la Verdad le es indiferente de donde proviene una idea. La fuente y el desarrollo de una idea es asunto propio del académico. En realidad para comprender la Verdad, ni siquiera es preciso saber si la enseñanza adoptada es del Buddha o de otro. Lo esencial es ver, comprender el asunto.
En el Majjhima –Nikaya Sutta 40, se relata un importante suceso que ilustra esto:
Cierta vez, el buda se hospedo en el cobertizo de un alfarero a fin de pasar la noche y, cuando entró en él, ya se encontraba allí un joven recluso. No se conocían; y, observando al recluso, el Buddha, tuvo este pensamiento: “ Digno es el porte de este joven, acaso resulte útil si lo interrogo.”
Entonces se dirigió al joven y dijo:
Oh bhikkhu (termino empleado para los monjes budistas) ¿en quién has confiado para abandonar la vida del hogar? ¿Quién es tu maestro? ¿De quién es la doctrina que mas te agrada?
- Oh amigo- respondió el joven- hay un recluso llamado Gotama, descendiente de los Sakyas, que ha abandonado la familia de los Sakyas para convertirse en recluso. Pública es su elevada reputación de Arahant , de totalmente Iluminado. En ese sublime he confiado en convertirme en recluso. Él es mi maestro, suya es la doctrina que mas me agrada.
- - ¿Dónde reside actualmente ese sublime, el Arahant; el totalmente iluminado?
- En los países del Norte amigo. Hay una ciudad llamada Savatthi. Allí reside actualmente ese sublime, el Arahant, el totalmente iluminado.
- ¿Has visto alguna vez a ese sublime? ¿si le vieses podrías reconocerle?
- Nunca vi a ese sublime y si le viese no podría reconocerle.
- El Buddha comprendió que era por el que ese joven había abandonado la vida de hogar y se había convertido en recluso. Pero sin divulgar su identidad, se dirigió al joven diciendo:
- Oh, bhikkhu voy a enseñarte la doctrina. Presta atención y hablaré.
- Así sea. Amigo.
- Y el Buddha pronuncio para este joven un discurso extraordinario donde le explico la verdad……
- Sólo al final del mismo el joven recluso, cuyo nombre era Pakkusati, reconoció al Buddha. Púsose entonces de pie, se acercó al maestro, e inclinándose reverentemente a sus pies, le pidió disculpas por haberle dado equivocadamente el trato de “amigo”; luego le rogó que lo ordenara y admitiera en la orden monástica del Shanga…….
Fragmento del libro “Lo que el Buda enseño”
De Walpola Rahula
Selección, Revisión y Compilación
Mónica Martínez















