No encajar en el mundo…
Son así: diferentes. Insisten en hallar un sentido que vaya más allá de la mecanicidad en que tantos se mueven día a día; vivencian la compasión como algo natural, y buscan dónde ejercer el natural acto de servir; aman la belleza, los vínculos con hondura, el silencio fecundo; de modo sencillo o más vehemente, tienen urgencia por dejar una huella en la vida, por mejorar el mundo, aunque sea en su entorno más cercano. Intentan a diario poner en práctica sus mejores valores, con coraje y sensitividad, aun equivocándose.
Entonces… claro: no es inusual que personas así se sientan raras. Y podría decirse que lo son: pero preciosamente raras, como esas perlas o piedras de sutiles colores, difíciles de hallar. El problema es cuando este “sentirse raras” se traduce anímicamente como si fuera “ser defectuosas”. Y es que a veces ser diferente genera rechazos, burlas o discriminaciones, como las que padeciera Juan Salvador Gaviota por querer explorar el cielo para perfeccionar su vuelo, en vez volar para meramente subsistir. Entonces sufren, y se preguntan: ¿“Por qué no puedo ser como los demás?”. Veamos por qué…
Atrapados por tres fuerzas… apego, aversión e ignorancia
El ser humano vive atrapado por tres fuerzas que se mueven en nosotros sin que nos demos cuenta, ellas de alguna manera van dirigiendo nuestras actitudes, nuestras acciones, pelean dentro nuestro por dominar según su antojo. Al conocerlas y ser concientes de ellas nos permitirá poder manejarlas y que no sean ellas quienes nos manejen a nosotros. Tres fuerzas básicas que muchas veces nos devoran si no sabemos que hemos caído en sus redes y que simplemente tomando conciencia que están actuando nos permitirá encaminar nuestras actitudes, nuestras decisiones, nuestra vida y elegir algo tan básico y primordial en el hombre como poder elegir hacia que dirección vamos dirigiendo nuestras decisiones o las situaciones que nos tocan vivir.
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Aquel día.....
Aquel día, su carga será quitada de tus espaldas y su yugo se apartará de tu cuello (Isaías 10,27)
Hay diversidad de situaciones en la que cada cual experimenta su carga más pesada.
Hay personas que sienten haber tenido una gran oportunidad en la vida y que, por alguna razón, desperdiciaron. Cargan con la culpabilidad de una mala decisión e incluso hasta reciben reproches de los miembros de su familia, por medio de los cuales les recuerdan, una y otra vez, el error cometido.
Lo que el Buda enseñó
Suele preguntarse a menudo: ¿es el budismo una religión o una filosofía? El nombre que le den carece de toda importancia, pues cualquiera sea el rótulo que le pongan, éste no modifica al “budismo”; continua siendo lo que es . Aun el rotulo budismo que le ponemos a la enseñanza del Buddha, tiene muy poca importancia. El nombre que le damos a las cosas no es esencial.
¿Qué es un nombre? Eso que llamamos una rosa, con otro nombre exhalaría el mismo perfume.
El fin del Autorrechazo
Por: Virginia Gawel
Nos achicamos, nos deformamos, nos estiramos, nos replegamos… para no experimentar esa sensación tan temida. ¿Por qué? Primero, es un resabio que nos queda del mamífero que somos, y sobre todo de cuando ese mamífero era un bebé: para ese entonces, ser rechazados podía implicar, ciertamente, el abandono y la muerte al no poder autosostenernos.
Más tarde, el instinto gregario nos dijo que estar con otros significaba ser más fuertes (=tener más posibilidades de sobrevivir). Otra vez: rechazo = soledad = amenaza de muerte. Esto es en tanto vivamos implementando nuestra conducta a partir de lo más primario que tenemos. Pero cuando evolucionamos… comprendemos que no es así.






















