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Sáb19052012

Actualizado19.05.2012 (00:07)

Ejemplos de vocación… de trabajo… y de vida

Unos, los abuelos/as no se rinden…, los otros hacen algo más, y ese algo más es mucho más que trabajar. La Colonia para la Tercera Edad sucede en Bariloche. Un grupo de profesionales, Cinthya (Coordinadora), Yanina, Ramón, Ana Paula, Luciana, Simon, Claudio y Julián son contratados por la Municipalidad, para proveer un servicio que empieza como un trabajo y termina en multiplicadas y honestas sonrisas.
Bariloche no es fácil para los abuelos. Subidas, bajadas, calles en pésimo estado y muchos lugares donde las veredas son más un producto de la imaginación que una realidad tangible.

Ellos y ellas, quienes conducen y trabajan en esta Colonia para la tercera edad, los organizan. Voley, basquet, ping pong, pintan, bailan rock, chamamé, gatos, juegos, son actividades que los ponen en movimiento, pero no es solo el cuerpo, es el compartir…, el robarles una risa, una sonrisa, allí donde la vida a dejado marcas, cargas, alegrías y dolores que no todos pueden llevar de la misma manera. Cinthya, Yanina, Ramón, Ana Paula, Luciana, Simon le ponen algo más que su trabajo, solo con verlos se puede sentir que le ponen el corazón, la ternura y el respeto. Ese respeto que a veces escasea.

No debe ser fácil aunque parezca que lo hacen fácil. A veces los contienen, lo hemos visto, sobretodo cuando el dolor del alma se les hace presente. Un roce, un gesto cariñoso, un abrazo, un… “se va ir sin darme un beso”… no están en el contrato con la Municipalidad. Está en la matriz de gente buena. Que sienten lo que hacen.

80 hombres y mujeres grandes que no provienen ni tienen la misma historia, la misma cultura, la misma proveniencia social. Pero las diferencias que la sociedad hace, no se ven. Superaron, actuando juntos, lo que a veces la inteligencia prejuiciosa instala. Un ejemplo que pocos ven, pero que muchos deberían.

¿Naif? No. Solo una imagen que perfora más que mil palabras. No debe ser fácil aunque el resultado lo parezca. Se siente, se percibe, abruma. El respeto está ahí presente. No importa cuanta coherencia o incoherencias puedan hacerse presentes. Nada dañara ese respeto que no tiene la experiencia de haber transitado esos años, pero que nace de algo tan básico como el buen corazón.

Que combinación extraordinaria. Buenos profesionales y buena gente. No es usual… y muchas veces no es también reconocida.

Ellos, los abuelos/as, llegan cada mañana. Algunos caminando con una energía que sorprende, otros, arrastrando sus pasos cuidando no cometer un error que los inhiba de volver al otro día, otros, llevados por sus hijos, sus hijas y sus nietos. Todos saludan. Resisten el paso del tiempo. Ese paso del tiempo que les cansa el cuerpo a muchos y el alma a otros. Para algunos el tiempo es experiencia, para otros el tiempo son recuerdos que quieren o no quieren recordar. Cada uno es un mundo en si mismo. Apenas se conocen pero comparten lo que traen cuando a media mañana toman algo.  

Y ellos, los abuelos/as, hablan de ellos, los jóvenes y los adultos jóvenes que los organizan y acompañan, hablan con cariño. Saben; los años les han enseñado, que no están solo cumpliendo un horario, sienten lo que hacen.

El espíritu de esta Colonia rebosa por sobre el espacio físico del Gimnasio Municipal. No quedan muchos días, aunque quizás pueda de alguna manera continuar. Pero uno puede imaginar que algunas lágrimas caerán cuando llegue el último día formal. Por algún motivo que nunca quizás alcancemos a comprender, las miradas de los más agradecidos se hacen tiernas y recuperan la ingenuidad que en algún momento de la vida se perdió en las luchas por sobrevivir.

Ayer, se fueron al Lago Gutiérrez y al volver una abuela con una sonrisa de esas que dan ganas de abrazar, me dijo… “que lindo es mi país”… le pregunté con el calculo de quienes aún no hemos recuperado la candidez… ¿No conocía el Lago Gutiérrez?... su respuesta fue… “siiii… pero no es lindo mi país”. Para ella, el paisaje no es una foto estática de vivos colores, es la belleza de un lugar que sabe propio y parte de su vida para siempre.

En la foto que encabeza esta nota pueden ver, abajo, a Claudio y Julián. Y arriba, de izquierda a derecha a Cyntia (Coordinadora), Yanina, Ramón, Ana Paula, Luciana, Simon.

A ellos nuestro reconocimiento y nuestro afecto. Pero por sobre todas las cosas las gracias por habernos permitido observar que la eficiencia puede caminar de la mano del amor, que el afecto expresado no es una debilidad y que el respeto y una sonrisa funcionan como adrenalina natural para quienes recorren el tercer tramo de la vida.

Pitágoras de Samos dijo… “Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.”

Lic. Rodolfo Patricio Florido
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