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Sáb19052012

Actualizado19.05.2012 (00:07)

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¿Cisma en El Vaticano? Celibato, pedofilia, sacerdotisas, comunión de los vueltos a casar, desorden financiero, etc.

Se habla de un cisma equivalente al de 500 años, de conspiración interna, de renuncia y hasta de asesinato. Lo cierto es que Benedicto XVI parece estar con  problemas delicados.
Algunos periodistas especializados en temáticas vaticanas señalan que la Santa Sede no vivía una guerra interna así desde el Renacimiento, o sea, desde la Reforma Protestante. Años en que Martín Lutero y Calvino dieran a luz lo que luego seria la Reforma Protestante y la Iglesia Protestante y anglicana.

Los motivos son variados. Así como en otras décadas (los 70/80) los conflictos eran con los sectores más ortodoxos, por aquellos años liderados por el Cardenal Lefevre. Ahora, los entredichos afectarían a los sectores más próximos al llamado sector progresista y / o modernistas. Estos, avanzan también en función de la poca penetración social que afecta al Papa Benedicto XVI del que se nota que intenta mostrarse moderno pero al que le cuesta muchísimo siquiera rozar la presencia que afectó a toda la humanidad por parte de Juan Pablo II. O sea un Papa que trascendió a la propia Iglesia Católica y que fue muy importante para acercar la Iglesia a otras profesiones de fe.

La periodista Elisabetta Piqué habla de cacería de "topos" que filtran a la prensa documentos superconfidenciales. Intrigas y venenos que apuntan al segundo del Papa, el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, cuya cabeza muchos querrían ver rodar. Rumores de una renuncia en abril próximo de Benedicto XVI, un papa teólogo que aparece cada vez más débil, demasiado intelectual y ajeno a la guerra interna de la curia y a la ya comenzada lucha por su sucesión. Desde el Renacimiento no se veían semejantes juegos de poder en los sacros palacios del Vaticano.

No es hoy una imagen feliz la de la Santa Sede. Ríos de tinta se derraman en los diarios italianos sobre la guerra que recrudece en su interior, desnudada hace apenas unos días por el denominado "VatiLeaks". A favor de este Papa, está su cruzada por mostrar, castigar e intentar terminar con los escándalos referidos a la pedofilia de sacerdotes y a los problemas de la Banca Vaticana. Hay sectores que por un lado quieren evitar el reconocimiento de la extensión de la pedofilia, mientras que, otros, aprovechan esta situación para decir que esto sucede porque la obligación del celibato genera la multiplicación de situaciones sexuales que no se generarían si no se sublimara este instinto natural y humano.

"Lo siento mucho por el Santo Padre, que debe estar muy triste al ver cómo intentan destruir lo que ha edificado", confesó el cardenal alemán Walter Kasper, de 78 años, en una entrevista con el Corriere Della Sera, en la que lamentó la existencia de "un estilo malo" en la curia, el gobierno central de la Iglesia.

Varios prelados intentan minimizar la disputa y dicen que "se trata de internas muy en clave italiana" y que "son cosas que pasan en todas las grandes instituciones".

Sin embargo, muchos otros comentan con horror la difusión de documentos reservadísimos -sobre presunta corrupción en el seno del Vaticano, sobre manejos financieros turbios y hasta sobre un supuesto complot para matar al Santo Padre-. El contenido de esos archivos no es tan crítico, pero el hecho de que se hayan filtrado de los sacros palacios refleja, ni más ni menos, una lucha intestina posible solamente en una curia a la deriva, marcada a fuego por ambiciones de poder.

"Esto es un caos; es urgente una reforma en el Vaticano", comentó, espantado, un cardenal angloparlante llegado a la Santa Sede para el consistorio de hace unos días y que pidió el anonimato.

En este marco, Benedicto XVI aparece muy solo. Tan solo que, hace unos días, un editorial de L'Osservatore Romano, que recordó en primera página el 30° aniversario del arribo a Roma de Joseph Ratzinger, describió al Pontífice como "un apacible pastor" rodeado "de lobos": una metáfora que resumió el clima dramático que reina en estos días en el Vaticano.

De hecho, aumentan las voces que hablan de una renuncia del Santo Padre al trono de Pedro, algo que no se da en la Iglesia desde el siglo XV, pero que está previsto en el canon 332 del Código de Derecho Canónico. El propio Benedicto XVI no descarta esa alternativa en el libro entrevista Luz del mundo, del periodista alemán Peter Seewald.

"Si un Papa se da cuenta con claridad de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo que se le ha confiado, entonces tiene el derecho y, en algunas circunstancias, también el deber, de dimitir", aseguró el propio Papa en ese libro.

El viernes, sin embargo, según la mayoría de vaticanistas, Benedicto XVI pareció desmentir el rumor al cerrar su homilía con el pedido de que rezaran por él "para que pueda ofrecer siempre al pueblo de Dios el testimonio de la doctrina segura y regir con humilde firmeza el timón de la santa Iglesia".

Lo cierto es que ya comenzó a hablarse abiertamente de la sucesión, en vistas de un cónclave que se vislumbra cercano, aunque Benedicto XVI aparezca en relativa buena forma. El Papa viajará el mes que viene a México y Cuba y, probablemente en septiembre, al Líbano. Y en su entorno hay quienes aseguran que "llegará a la edad de León XIII, el papa más longevo del Novecientos, que murió a los 93 años".

"La sensación de debilidad y vulnerabilidad que se ha adueñado de los vértices de la Iglesia no sólo tiene que ver con la salud física del Pontífice. Tiene que ver con su capacidad de guiar el timón de la nave de Pedro", escribió el semanario L'Espresso, en un artículo en el que aseguró que ya comenzó la lucha por su sucesión.

En ese sentido, cobra fuerza la figura del cardenal Mauro Piacenza, uno de los purpurados italianos más jóvenes, de 68 años, prefecto de la Congregación para el Clero. Este prelado genovés, que apunta a reemplazar al cuestionado Bertone en la Secretaría de Estado -algo para muchos improbable vista su estrecha y añeja relación con el Papa-, estaría al frente de una "cordata" de "sirianos", discípulos del famoso cardenal ultraconservador Giuseppe Siri (papable en tres oportunidades), en un eventual cónclave. Piacenza es señalado como un probable gran protagonista del próximo cónclave. "Es la vendetta de los «sirianos» contra los «montinianos» [discípulos de Pablo VI]", explicó un monseñor.

En una atmósfera al mejor estilo del libro “Ángeles y demonios”, mientras en el Vaticano arrecia la caza a los "topos", todo el mundo espera que se filtren más documentos a la prensa, en una fuga de noticias muy ruidosa y dañina, que ensombreció aspectos positivos del pontificado de Benedicto XVI, que el próximo 19 de abril cumplirá 7 años. Entre ellos, su coraje para enfrentar el escándalo por abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes, que en los últimos años representó un estigma para la Iglesia Católica.

Noticias opacadas

"Los contragolpes de las intrigas opacaron las que debían ser dos buenas noticias para el Vaticano. La semana pasada auspició una cumbre sobre los abusos sexuales, poniendo en marcha una respuesta global y preventiva y comprometiéndose en las reformas", escribió John Allen, vaticanista norteamericano, en el National Catholic Reporter.

"Además, justo ahora los dirigentes vaticanos están moviéndose como nunca para llevar sus instituciones a los niveles internacionales de transparencia financiera. Probablemente en ningún otro momento de su historia el Vaticano estuvo tan comprometido a cooperar con cuerpos de control laicos, externos", agregó, lamentando que prevalecieran las notas sobre el escándalo sobre las noticias positivas.

Vittorio Messori, el escritor católico amigo de Juan Pablo II (escribieron Cruzando el umbral de la esperanza) y también de Benedicto XVI, aseguró, en un artículo del Corriere Della Sera, que "parece haber un hundimiento moral y, también, un retorno a los tiempos del Renacimiento, con intrigas y luchas de poder, por dinero, por la carrera, por intereses políticos e ideológicos".

Messori recordó que fue Santa Catalina de Siena (1347-1380) quien dijo que "la corte del Santo Padre me parece a veces un nido de ángeles, otras, un nido de víboras". Y recordó que Benedicto XVI está profundamente convencido de que "si la Iglesia está en crisis es porque está en crisis la fe de los hombres de la Iglesia".

Otros sectores del periodismo, como Julio Algañaraz, hablan de que “El Papa teme un cisma progresista en la Iglesia” y señala:

Desde Austria, un grupo de curas exige cambios, como el fin del celibato obligatorio.

Abrumado por las peleas en las cumbres del Vaticano entre cardenales y altos prelados, siempre conservadores, que mellan su prestigio con documentos filtrados a la prensa y que intensifican las “murmuraciones” de que podría renunciar en un futuro no lejano, el Papa Benedicto XVI, de casi 85 años, agrega otro motivo de profunda preocupación pocos días antes del Consistorio en el que promoverá 22 nuevos cardenales.

Se está expandiendo el movimiento del “Llamado a la desobediencia”, nacido en Austria y ahora con ramificaciones importantes en Irlanda, Alemania, Francia y Eslovaquia. No faltan los simpatizantes en América Latina, EE.UU. y Australia. El Papa teme al primer cisma progresista, apoyado por cientos de curas y una patrulla de obispos. “No tememos excomuniones ni queremos un cisma, sino que la Iglesia nos escuche y dialogue”, explica el ya popular “Lutero austríaco”, padre Helmut Schueller, con 59 años, líder de la “Iniciativa de los párrocos”, que cuenta con el apoyo de 400 sacerdotes en Austria.

Los sondeos demuestran que la mayoría de los 4.000 curas austríacos, un país de hondas tradiciones católicas tradicionalistas, que vive un proceso de vertiginoso triunfo del laicismo y de distanciamiento de los fieles de una Iglesia que consideran anclada en el pasado, simpatizan con el movimiento que nació en junio pasado con el “Llamado a la desobediencia”, que firmaron 329 curas.

Se dice que un millar de sacerdotes viven en pareja y hasta secretamente casados.

Monseñor Schueller fue exiliado a párroco de San Esteban, en Probstdor, un suburbio de Viena, donde fue presidente de la Caritas austríaca y estrecho colaborador del cardenal Christian Schoenborn, un progresista en favor del celibato voluntario y que ha sido uno de los pupilos favoritos del Papa Joseph Ratzinger. El cardenal Schoenborn está naturalmente en contra de la “Iniciativa de los párrocos”, pero hasta ahora resistió las presiones desde dentro de la Iglesia local y de las congregaciones vaticanas para que comience a dar el escarmiento que merecen los rebeldes porque “las sanciones serían contraproducentes”.

Los “desobedientes”, equivalente en versión sotana de los “indignados”, reclaman terminar con el celibato obligatorio, permitir la comunión de los divorciados vueltos a casar, imponer el sacerdocio femenino, darle a los fieles laicos un rol más importante en la eucaristía, permitiéndoles predicar y administrar los sacramentos sin una misa cuando no hay sacerdotes, además de ordenar a los “Viri probati”, fieles casados y con hijos de probada fe que puedan convertirse en sacerdotes sin renunciar a su familia. Y respetar a los homosexuales, bendiciendo las uniones.

Herejía pura, se escandalizan en el Vaticano. El 23 del mes pasado, los principales obispos austríacos fueron convocados a Roma para hablar del tema con las autoridades de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia.
El pontífice es muy sensible a una protesta que nace de su propio mundo germánico y que se extiende a otros países y zonas del mundo. Dicen que en la Irlanda conmovida por los escándalos de pedofilia de parte del clero y el choque abierto entre el Papa y el gobierno de Dublín, son 600 los sacerdotes que adhieren al “Llamado a la desobediencia”.

El cardenal Schoenborn volvió a evocar el peligro de un cisma. El Lutero austríaco retruca que “nosotros queremos quedarnos dentro de la Iglesia y la Conferencia Episcopal debe abrir un diálogo teológico estructurado” con el movimiento rebelde, lo que equivaldría a una legitimación institucional. Por el contrario, los conservadores, numerosos en Austria y hegemónicos en el Vaticano, reclaman “medidas canónicas sancionatorias”.