¿Qué significa el oficio periodístico?
Lo primero que nos enseña la revolución copernicana es que somos nosotros los que mandamos...
Gilles Deleuze
Que el estudio del periodismo como carrera universitaria carezca de sentido quiere decir que es un oficio cuyo ejercicio se calibra en los talleres de las ciencias sociales y la filosofía. Es el aire fresco que necesitamos. El periodismo de los periodistas se cae a pedazos. Basta mirar la tele; rastrear un poco la radio. Pero no es el oficio mismo lo que se hizo trizas sino la burbuja que lo presentaba como una especie de cámara impersonal que registra hechos en lugar de imágenes: es la aureola justiciera que la impotencia jurídica proyectaba sobre la sociedad para que “todos tomemos conciencia” de nuestro Mal. Hoy esa santidad la tienen los organismos de Derechos Humanos. Y el periodismo redobla la rabia. ¿A quién se le puede ocurrir estudiar periodismo cuando uno mismo puede descubrir cómo presentar una nota, investigar con método, conducir un reportaje?
El título de periodista es tan ridículo como las lengüetas que lo auto-afirman, desde los propios medios de comunicación, como “expertos” en el análisis del bolo noticioso. El periodismo no es semiología. Desconoce la idea de estructura: tiene el ojo ciego “en las cosas”. El periodismo no es una reflexión sino una condición ética de la comunicación basada en la vocación, la integridad, la práctica y la honestidad intelectual. No hay certificado alguno para estas cuestiones. El periodismo es irreductible a las instituciones y a sus tarjetas de presentación.
Hace veinte años, la desmitificación del cuarto poder pasaba por la denuncia de la supuesta “objetividad” de los periodistas. Con la lucha de aparatos entre Clarín y el oficialismo, actualmente, esta desmitificación cobró el carácter de agitación de consigna. A la frase “el periodista debe ser objetivo” se le opone “el periodista debe decir desde dónde habla”. Son dos frases hechas igualmente simétricas sobre las cuales nadie reflexiona por un simple motivo: el gremio desconoce qué es objetividad y que es subjetividad.
Hace más de dos mil años los filósofos vienen haciendo metafísica; discutiendo acerca de la objetividad, la subjetividad, el conocimiento, la teoría. Hace poco tiempo, las ciencias sociales se incorporaron al debate haciendo alarde de que “lo suyo no es metafísica”. Desde sociólogos que debaten si las estructuras determinan al actor como apariencia o si éste tiene existencia y la asume en el mundo... Hasta economistas que problematizan si los precios vienen determinados por relaciones de fuerzas o si emergen como una ley promedial que se impone con carácter necesario, a espaldas de la conciencia, en el mercado. Es que “objetividad” no es contemplar las cosas desde varios puntos de vista. Eso se llama versatilidad. “Objetividad” tampoco es una disposición moral para no dejarse llevar por su sentir particular hasta el grado de tergiversar los hechos. Eso se llama honradez. Y ambas se presuponen en el oficio de la credibilidad.
El gremio de la lengua no produce conocimiento sino información de lo que se ve, se dice, se oye. Habladurías, ambigüedad, avidez de novedades, publicidad: el periodismo es ser en el mundo. Por eso, el sentido común suple con sus respuestas toda teoría del conocimiento entre periodistas y afines. Y esto no es una deficiencia sino su esencia: el periodismo es una ética y su problematización teórica le es por completo externa y ajena.
Entonces: ¿Qué significa “objetividad” en el periodismo? Significa: pensar contra sí mismo. ¿Qué quiere decir “subjetividad” en este marco? Estilo en el decir. ¿Qué significa “oficio del periodismo”? Significa actitud; actitud frente a la realidad.
A un cronista que cubre un acontecimiento social no puede pedírsele más que el relato vivo de sus sentidos; a un editorialista: la expresión clara y luminosa de los presupuestos de su empresa; a un entrevistador: sagaces preguntas. El periodista no reluce cuando defiende el lugar desde donde piensa; cuando defiende su afiliación y gusto con la camiseta de quien paga sus vicios. Esa actitud servil, militante, paranoica, sectárea produce rechazo porque es incestuosa. Un bostero enamorado del micrófono, simplemente, no cautiva. Ahora, si el bostero piensa contra su condición de hincha: una luz se encenderá en el periodismo deportivo como luciérnaga en la noche de los ardores.
¿Qué cabe esperar del periodismo como actitud? ¿Cómo puede evitarse esta decadencia de la escritura reducida a la lectura de partes y redacción de cables de las agencias? ¿Cómo transmutar la linealidad en una curva que señales las múltiples posibilidades de lo real? ¿Qué puede serle, legítimamente, exigido al oficio periodístico?
Puede serle exigido el esfuerzo anti-fascista del deseo y el testimonio democrático. ¿En que consiste?
En lo siguiente:
1. Liberar el uso de la información de toda forma de poder paranoico vertical, totalizador y con voluntad de mitificar su poder en las venas de las nuevas generaciones.
2. Liberar el periodismo de la militancia del estado o de la empresa. Hacerlo auto-suficiente, independiente, crítico de las buenas costumbres. Volverlo cínico, es decir: filosófico.
3. Interpretar la realidad desde una lógica del deseo de múltiples posibilidades, proliferaciones, yuxtaposiciones, encuentros, adiciones. Evitar toda imagen de la realidad “de arriba para abajo”, por divisiones sucesivas y bendición de la pirámide jerárquica.
4. Liberarse de las viejas categorías de la teología política (el amigo, el enemigo, la ley, el límite, la castración, la falta, la decisión) que el pensamiento occidental sacralizó, secularizó, durante tanto tiempo como poder de soberanía y modo de acceso a la realidad. Preferir la diferencia como tal sin la sombra del soberano, es decir, liberarla de la identidad, de la pertenencia y de la causa. Afirmarla en su ser positivo y múltiple, esquivo a la uniformidad, con voluntad de fragmento en contra de las unidades. No la continuidad del relato sino la historicidad como ruptura, quiebre, discontinuidad. Peregrinar sobre el nomadismo del desierto antes que sedimentar sistemas tras sistemas.
5. No utilizar al periodismo como una práctica política con relación a un valor que sería la Verdad en contraposición a la Mentira. Usar el oficio como un intensificador del pensamiento y el análisis como un multiplicador de las formas de intervención de la sociedad en la acción política.
6. No exigir que el periodismo asuma la defensa de las identidades y las pertenencias definidas por la tradición cualquiera que ésta sea. La identidad es el producto del poder y la pertenencia es una escritura sobre el alma que tapa el devenir con la repetición. Considerar deshacer las viejas identidades por la condensación y el desplazamiento de lo porvenir. No hace falta revisar la historia sino hacerla, esto es: interpretarla mirando hacia delante.
7. No imponer el decir propio ni enamorarse del poder.
Referencia bibliográfica:
- Introducción a una vida no fascista; Michel Foucault. Texto online en la web.
www.leonardosai.wordpress.com















